ALGO PASA EN LA EUROPA DEL SUR. ESPAÑA.

“Este tiempo que estáis viviendo así como si nada, lo contaréis a vuestros hijos y a vuestros nietos lleno de aureola y perfume. Lo contaréis como nosotros contamos la Transición”. Estas fueron las palabras que pronunció, en una entrevista televisiva, uno de los más grandes profesionales del periodismo de España, Iñaki Gabilondo.

La Transición (1975-1982, aproximadamente), señoras y señores, es aquel proceso histórico que puso fin al último régimen autoritario de Europa Occidental, el único descendiente que quedaba vivo del fascismo; la dictadura del general Francisco Franco, “caudillo de España por la Gracia de Dios”. Bien, ¿Cómo es posible que Gabilondo utilice esta comparación para describir la situación actual de España? ¿Cómo puede tener relación el grandioso paso de la dictadura y la represión hacia la democracia y las libertades con lo que pasa aquí y ahora en España? Lo crean o no, hay razones de sobra para hacer este símil.

Voy a ponerles en antecedentes. El 15 de mayo de 2011 y las semanas que le siguieron una parte de España “se indignó”. Se trataba de un movimiento enormemente heterogéneo, convocado a través de las redes sociales y que no tenía líderes. ¡No tenía líderes! Este movimiento se materializó en una sucesión de centenares de manifestaciones pacíficas en las grandes ciudades de este país. Sus lemas más conocidos fueron: “¡Democracia real ya!” y “¡No hay pan pa tanto chorizo!”. ¿Qué fue lo que impulsó a tantos jóvenes (y a algunos no tan jóvenes) a salir a la calle y a protagonizar las manifestaciones más multitudinarias desde aquellas que unieron al pueblo español contra la Guerra de Irak en 2004?

Como ya hemos dicho; la indignación. La indignación ante unas políticas injustas que ponían en el centro a la economía (la de los grandes indicadores) y no a las personas, que recortaban en educación, sanidad y prestaciones sociales con el fin de solucionar la crisis financiera iniciada en 2007. Sin embargo, el paro seguía aumentando a una velocidad vertiginosa (la burbuja inmobiliaria española era de unas dimensiones tales que su impacto fue terrible) y a la misma velocidad se hacían más profundas las desigualdades sociales, la brecha entre los pobres y los ricos. Lo peor de todo es que quien llevaba a cabo estas políticas no era un partido de derechas, al menos teóricamente; era el Partido Socialista Obrero Español –sí, “socialista y obrero”-. El mismo partido que había sacado a España de la muy infame Guerra de Irak, el mismo partido que había dado a luz la llamada “Ley de Memoria Histórica”, que acababa definitivamente con los símbolos del franquismo y que, por primera vez, reconocía y daba justicia a las familias de las víctimas de ese régimen, el mismo partido que había aprobado una de las primeras y la más avanzada ley de matrimonio homosexual del mundo, este partido, el PSOE, liderado por J. L. Rodríguez Zapatero, había aceptado que la única forma de salir de la crisis -cuán dañino es pensar que los problemas tienen una única solución- era la vía de la “austeridad”, tal y como decretaban las altas instituciones de la Unión Europea. Esto se aceptó sin más, no hubo una verdadera resistencia…, simplemente la petición, el ruego, la súplica para que las medidas fueran lo más ligeras y descafeinadas posible. Europa dijo “NO”.

Pues bien, tras conseguir una movilización ciudadana inmensa numéricamente y tras ocupar y acampar durante semanas en la mismísima plaza de la Puerta del Sol de Madrid, el movimiento del 15M, de “los indignados”, acabó disolviéndose. Este había nacido a raíz de las elecciones municipales y autonómicas (regionales) y, sin embargo, estas elecciones fueron ganadas de manera abrumadora por el Partido Popular. Una derecha rancia donde las haya. El PP no contemplaba continuar por la senda de los recortes en su programa electoral. Sin embargo, cuando M. Rajoy ganó las elecciones generales (que tuvieron lugar tan solo unos seis meses después de las municipales), fue lo primero que hizo. El inmovilista Rajoy ha sido el más leal lacayo de Angela Merkel. Ha llevado a cabo unos recortes salvajes que no se limitan a los derechos sociales; también afectan a las libertades (estoy hablando de la recién aprobada “ley mordaza”, que dificulta la labor de los medios de comunicación junto con el ejercicio de los derechos de expresión y manifestación). Rajoy ha sido uno de los más fanáticos “austericidas” de la Unión Europea. A esto se añade la corrupción, esta no es exclusiva del PP (aunque sus miembros han protagonizado algunos de los escándalos más sonados) pero la multiplicación de casos vergonzosos y la nula respuesta de los partidos ante ello ha creado una atmósfera irrespirable. Entonces… ¿El 15M fracasó? ¿Intentar cambiar las cosas no fue más que una pérdida de tiempo?

¡No! Hubo un cambio. Un cambio que la gran mayoría de los analistas políticos no supo detectar. Un cambio colectivo y de enorme trascendencia. Este se ubicó en la conciencia de los españoles. Los ciudadanos ya no miran la realidad del mismo modo. Muchos de ellos se han empezado a informar bien, a tomar partido en los acontecimientos globales y de la esfera local. Ya no es tan fácil manipularlos. La gente extrae sus propias conclusiones ante los hechos. Además las tertulias políticas se han multiplicado: En la televisión, en la radio y en los medios de comunicación, en general. España ha empezado a despertar. Mi generación tomará partido, de una forma muy activa, en lo que ocurra a partir de ahora. Mucho más que la generación de mis padres y mis abuelos, la que protagonizó la Transición.

Estamos en 2015 y ha habido nuevas elecciones municipales y autonómicas. Ahora ya no hay lugar a dudas, España está viviendo un momento sin parangón en su historia: El bipartidismo se ha fracturado. El tradicional tándem PP-PSOE, que ha dominado, con algunas excepciones a nivel regional, la vida política desde la década de los 80, ha visto, estupefacto, como han entrado dos nuevos participantes en el juego de la política.

Uno es Podemos, liderado por Pablo Iglesias (curiosamente el fundador del PSOE también se llamaba así), según la opinión de algunos, los que más se acercan a ser los sucesores del 15M. Un partido de izquierdas que está llamado a llevar a cabo una política económica y social alternativa, diferente a la del PSOE y, por supuesto, a la del PP. El otro es Ciudadanos (anteriormente llamado Ciutadans, en catalán), liderado por Albert Rivera. Un partido que abandera el nacionalismo español y que tiene el mérito de haber nacido en Cataluña, un escenario políticamente muy complejo, ya que una parte significativa de su población considera que esta debe independizarse de España. Se trata de una fuerza de centro-derecha cuyos miembros más activos proceden del mundo empresarial. Podemos y Ciudadanos han crecido a costa del descontento de los votantes de PSOE y el PP, respectivamente. La política ha adquirido un nuevo vocabulario: A los históricos términos “izquierda” y “derecha”, “extremos” y “centro” se añade “vieja política” y “nueva política”, “casta” y “chusma”.

En cualquier caso, el tablero político, tras las elecciones municipales, ha basculado hacia la izquierda en muchos ayuntamientos españoles y, sobre todo, en los más importantes. La fragmentación parlamentaria municipal ha obligado a los partidos políticos a hacer algo a lo que no estaban acostumbrados: Conversar, entenderse y pactar. El PSOE principalmente con Podemos y otras fuerzas políticas de carácter local y el PP principalmente con Ciudadanos. Nada más y nada menos que Madrid y Barcelona, las dos ciudades más importantes de España, están ahora en manos de plataformas ciudadanas, compuestas por movimientos y partidos de izquierdas entre los cuales está Podemos. Las nuevas alcaldesas son dos mujeres: En Madrid, Manuela Carmena, una jueza que trabajó por la defensa de las libertades y la normalización democrática de España durante la Transición, y en Barcelona, Ada Colau, activista de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (frenar desahucios y luchar contra la ley hipotecaria más injusta de Europa, la española). Además, las ciudades más importantes de territorios como Galicia y la Comunidad Valenciana, feudos tradicionales del PP, también han protagonizado ese cambio hacia la izquierda. En 1931 unas elecciones municipales dieron paso a la proclamación de la Segunda República, en 2015 unas elecciones municipales dan comienzo a un imparable periodo de transformación política, las ciudades son las primeras en levantarse (no en vano fue en París donde comenzó la Revolución Francesa).

Por otra parte, Grecia ha dicho “NO”. Es un “no” a la Troika, a la austeridad impuesta desde la Unión Europea que ha dejado al país en una situación lamentable y a los griegos, los que exportaron a Europa la civilización y la democracia, al borde de la pobreza. Ese “no” en realidad era un “sí”, un “sí” a la dignidad. Griegos, italianos, portugueses y españoles hablamos diferentes lenguas, pero nos entendemos muy bien. Lo cierto es que compartimos una cultura similar, la mediterránea. Nuestra historia ha estado unida por una fuerza invisible: Portugal protagonizó la democrática Revolución de “los Claveles” en 1973, Grecia dijo adiós a su dictadura en 1974 y España hizo lo propio a partir de 1975. Nos gusta apreciar los pequeños placeres, tener lo necesario para vivir y ser felices, disfrutar del contacto con los amigos y la familia, tocarnos, mirarnos a los ojos, reírnos… (desde luego, no se nos ocurre, como a nuestros vecinos del norte, llevar calcetines y sandalias al mismo tiempo). Nos sentimos europeos, somos europeos, somos su parte más cálida y más humana y a nosotros nos corresponde transformar esta “Europa de los mercados” en la verdadera Europa: ¡La de los Pueblos!

El motor de la historia es la voluntad humana y ella reside en las mujeres y en los hombres que desean hacer del mundo un lugar más próspero y, sobre todo, más libre y más justo.

Texto escrito por: Miguel Ángel Alonso Sánchez (Colaborador Nuestroamericano desde España)

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