REFUGIADOS. LAS DOS CARAS DE EUROPA

  1. Personas, ciudadanos, seres humanos:

Eres un gran hombre, un hombre ambicioso que no conoce lo imposible. Has arriesgado tu vida y tu dignidad para darnos una vida digna y un futuro mejor para que continuemos con nuestra educación y ayudemos a construir una nueva Siria. Que Dios te ayude a tener la cabeza bien alta y a sentirte orgulloso. Que Dios te proteja, te dé paciencia y te acompañe”.

Estas palabras utilizaba Al Mohsen (refugiado en Turquía), hijo mayor de Osama Abdul Mohsen, a través de Facebook para referiré a su padre. Muchos conocéis a Osama. La imagen de una “periodista” zancadilleando a un hombre que trataba de zafarse de la policía húngara y que llevaba a su hijo pequeño en brazos (por cierto, este se llama Zaid) ha dado la vuelta al mundo. Gran momento para no sentirse orgulloso de ser europeo. No diremos el nombre de esa mala persona (esta es la forma más suave con la que yo puedo referirme ella) para no darle más notoriedad, no sea que luego tengamos que contemplar horrorizados como vende su miserable actuación por los platós de televisión. El caso de Osama es paradigmático, el ejemplo perfecto de cómo han sido tratados decenas de miles de refugiados que han acudido a Europa estas últimas semanas. Digámoslo claramente: Peor que al ganado.

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Hace muy poco escuché como una amiga de mi madre se refería a ellos utilizando las despectivas palabras “tanto sirio”. Frecuentemente estas personas tratan con el mismo desprecio a todo aquel que no es como ellos. Palabras como “negro de mierda”, “sudaca”, “moro”, etc. salen de su boca con más frecuencia que la palabra “perdón”.

Estos sirios son como nosotros. Ellos podríamos haber sido nosotros. Hasta hace “dos días” se ganaban bien la vida desempeñado sus respectivas profesiones (muchos pertenecían a una clase medía ciudadana relativamente acomodada). Tenían acceso a la educación y podían prever un futuro digno para ellos y para sus hijos. Defendían la democracia y la libertad, muchas de estas personas estaban en las manifestaciones del movimiento “primavera árabe” que pretendía acabar con las dictaduras del norte de África y del este del mediterráneo. Uno de los regímenes más rechazable era el de Al Asad precisamente en Siria. Probablemente pocos sirios imaginaban el horror que se avecinaba: Una guerra civil enormemente sangrienta y después la ocupación de los salvajes del autoproclamado Estado Islámico de Siria e Irak (ISIS), salvajes que hacen de la violencia, la tortura, las masacre de miles de personas y la destrucción de monumentos de la Historia, que habían resistido más de tres milenios, no solo un herramienta de expansión militar, también una forma de promocionarse (difunden videos de cómo decapitan a centenares de personas de mismo modo que una empresa anunciaría un producto que quisiera vender).

No hay río que no cruzaría, no hay muro que no saltaría, no hay alambre con cuchillas que no me atreviera a sortear y, en definitiva, no hay frontera que pudiera parar mi huida y la de los míos de esa barbarie.

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  1. Políticos:

La reacción de la Unión Europea ante esta tragedia desprestigia su propio nombre, pues ha habido de todo menos unión. Ha habido políticos despiertos y muy hábiles que de una forma muy rápida han anunciado su voluntad de acoger un determinado número de refugiados. Tal es el caso de la Canciller alemana Angela Merkel, la cual ha sabido aprovechar una oportunidad de oro de lavar su imagen tras hacer llorar diciendo “no” a una niña palestina que pedía que su padre, otro refugiado, se quedara en Alemania. Bienvenido sea el oportunismo de “la Merkel”.

Otros pasaron de negociar miserablemente sobre cuántos refugiados podrían acoger (buscaban el menor número posible, por supuesto) a afirmar que acogerían a tantos como se nos diga desde Bruselas. ¿Qué fue lo que les hizo cambiar de opinión? La reacción de la opinión pública ante la foto del cadáver de un niño sirio, Aylan Kurdi, de solo tres años, en una playa del oeste de Turquía. Repito, la reacción de la opinión pública. Tal es el caso del Presidente del Gobierno de España Mariano Rajoy y la del Primer Ministro de Reino Unido David Cameron. En España pasamos de decir que 5.000 nos parecían muchos a aceptar 17.000 sin ninguna objeción. Bienvenido sea el oportunismo de Rajoy y Cameron.

Por último tenemos el caso del ultraderechista Viktor Orbán, Primer Ministro de Hungría. Su obsesión con preservar la integridad del cristianismo en Europa la ha llevado a endurecer las leyes contra aquellos que pasan por sus fronteras, ha obligado a sus presos a reforzarlas con alambres y cuchillas, ha retenido durante casi una semana a miles de sirios en una estación y, en definitiva, les ha tratado peor que a los criminales. Agravando el sufrimiento de estos hombres, mujeres y niños cuyo único crimen ha sido buscarse una vida digna.

Migrantes desembarcan en el puerto de El Pireo, cerca de Atenas, el domingo 14 de junio de 2015. Unos 2.000 inmigrantes permanecían varios días varados en la isla griega de Lesbos. (Foto AP/Yorgos Karahalis)
Migrantes desembarcan en el puerto de El Pireo, cerca de Atenas, el domingo 14 de junio de 2015. Unos 2.000 inmigrantes permanecían varios días varados en la isla griega de Lesbos. (Foto AP/Yorgos Karahalis)
  1. De nuevo; personas, ciudadanos, seres humanos:

Una vez más la reacción de los ciudadanos ha estado muy por encima de la de sus dirigentes. La opinión pública de muchos países europeos ha reaccionado pronto, ha echado en cara a sus líderes su escasa generosidad con el pueblo sirio. Cientos de personas valientes y comprometidas han acudido a los lugares donde estos estaban y les han dado comida, ropa y lo necesario para subsistir, también algo que puede que sea incluso más valioso; un recibimiento afectuoso, un gesto que devuelve a los refugiados su dignidad como seres humanos, algunos incluso han transportado en su coche a las familias sirias, arriesgándose a una considerable sanción por parte de su gobierno. Otros, todo hay que decirlo, han proferido contra ellos insultos xenófobos e incluso les han llegado a lanzar piedras. Las mafias también les han transportado a cambio del dinero que esas familias han ahorrado durante años, no podemos esperar que tengan escrúpulos estos mercaderes de la miseria.

La gente se ha manifestado en muchos municipios para presionar a sus gobiernos para que dieran acogida a los refugiados. En el caso de España, se ha movilizado una red de ciudades encabezada por Barcelona (no es casualidad que muchas de ellas sean precisamente las que protagonizaron el cambio político en las pasadas elecciones autonómicas) que están poniendo los medios necesarios para dar cabida a cientos de refugiados. Es evidente que no es un problema fácil de solucionar, estas personas vienen para quedarse, pues no pueden volver a su país mientras la situación siga tal y como está, no hablan el idioma y no tienen trabajo. Va a ser complicado poder integrarlos laboral y socialmente. Pero Europa se juega su credibilidad en ello. Cuando protegemos a los refugiados estamos defendiendo los fundamentos ideológicos de Europa, estamos defendiendo la libertad, la igualdad y la fraternidad. Yo seguiré luchando para que este subcontinente siga siendo un espacio de paz y de oportunidades. Solo queda una cosa por decir: Wellcome refugees!

Texto escrito por: Miguel Ángel Alonso Sánchez (Colaborador de Nuestroamericano desde España)

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