¿POR QUÉ A ÁLVARO URIBE NO LE CONVIENE LA PAZ?

Qué pesar uribistas, pero ganamos. Con el acuerdo de justicia el fin del conflicto es un hecho. Ahora tendremos que aguantarnos a ustedes y a su líder máximo, escupiendo el rencor que le genera haber sido excluidos del hecho histórico más importante del país desde la Constitución del 91. Una vez se supo que las conversaciones habían llegado a un punto de no retorno, el venerable anciano empezó a trinar como un poseso. Me llama la atención que en uno de los trinos el senador haya puesto la foto de Álvaro Leyva e Iván Cepeda en el avión que los llevaría a La Habana en donde se preguntaba: “Los asesores de Santos, serán los miembros del Gbno de transición a Farc?”

 Los seguidores de este energúmeno sacan pecho atribuyéndole virtudes que no tiene. Además de decir que es un varón al que no le tiembla el pulso para darle en la jeta a cualquier marica, creen que es un hombre leal, ajeno a las traiciones. Nada más lejano de la realidad. Uribe, en los últimos meses, no hizo más que buscar a Álvaro Leyva para que lo incluyera en las negociaciones de La Habana. En su infinita megalomanía, el senador y sus seguidores creen que una paz sin ellos no puede ser posible.

Que se deje de hipocresías Alvarito que él sabe perfectamente que el primer mandado que iba a hacer Zuluaga, si hubiera ganado las elecciones, era el de refrendar la paz. Ya tenían a Frank Pearl como comisionado para la paz, ya tenían un plan de trabajo e incluso creo que lo hubiera hecho mucho mejor de lo que lo ha hecho la actual administración. Pero como su caballo no quedó, Uribe ha hecho lo del mal perdedor: bombardear, destruir, levantar infamias.

 Qué fácil hubiera sido para Uribe montarse en el bus de la paz y apaciguar a sus beligerantes seguidores. El senador perdió para siempre la oportunidad  de cambiar su imagen. En los libros de historia el patrón del Ubérrimo será recordado como uno de los instigadores del paramilitarismo, como un perro de guerra que su único recurso diplomático era el bombardeo artero, la puñalada por la espalda, la emboscada y la traición. Sus trinos desaforados demuestran el pánico que le da saber que en la nueva Colombia su discurso del odio no tendrá cabida. El pabloescobarismo que profesa será un anacronismo más, un recuerdo de los tiempos en donde las cosas se arreglaban con plata o con plomo.

En mi Facebook conservo, como ratas de laboratorio, a uribistas desaforados de esos de pura cepa, de esos que se hacen llamar colombianos de bien. Ayer uno de ellos publicó una foto espantosa en donde se mostraba al Mono Jojoy recién abatido. El furibundo fascista pedía más resultados como estos y añoraba la década pasada en donde todo se resolvía con metralla y napalm. Instigados por su líder, las tropas uribistas no se resignaran a un acuerdo que cambiará la historia del país y, apegados a la tradición de pájaros que fundó Laureano Gómez, formarán ejércitos y buscarán en las granjas agrícolas a los líderes guerrilleros cuando el conflicto haya terminado. Sucedió en Marquetalia, sucedió con la UP.

Afortunadamente ya en La Habana lo prevén y se toman las medidas necesarias para evitar que se repita el escenario de sangre. La educación cambiará y se verá claramente, desde el salón de clase, que el gran instigador de la violencia ha sido el gobierno colombiano. El odio será extirpado de raíz y los uribistas, en menos de una década, serán unos fósiles insepultos que nadie, absolutamente nadie, querrá mirar.

TEXTO TOMADO DE: http://www.las2orillas.co/de-por-que-alvaro-uribe-no-le-conviene-la-paz/

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