(Ecuador) Análisis: En la frontera del olvido

La “crisis en la frontera” que se viene montando sobre San Lorenzo desde inicios del 2018 con aparecimiento de carros bombas y otros ataques a policías y militares, secuestros y demás; mas allá de las interrogantes de razones y actores detrás, ya deja claro cuál es la nueva estrategia del Gobierno ecuatoriano. Optó por la negación. Negar la complejidad de conflicto. Negar el olvido del Estado. Y la prensa es cómplice, con sensacionalismo y drama ayuda a obscurecer cualquier posibilidad de entender qué está pasando y percibir la negación del Estado. No sólo se niegan las formas de violencia directa a la que su población ha estado sometida en medio del tráfico de tierras, la expansión de monocultivos, minería y tala de árboles legal e ilegal, el contrabando de combustible, precursores químicos, drogas, armas y personas; sino también las formas de violencia indirecta de una población sin acceso a educación, salud, empleo y seguridad social y las consiguientes oportunidades que pueda tener en esta sociedad capitalista.

Se debe recordar que Latinoamérica se registra como las regiones con mayores muertes a periodistas pero también se debe saber que el grupo de periodistas de El Comercio, en plena vigencia del estado de emergencia, obtuvieron “permisos especiales” y no solicitaron acompañamiento militar para incrementar sus posibilidades de contacto y poder “hacer una buena noticia”. Iban en busca del espectáculo y así terminaron sus vidas. Más allá del respeto y condolencias a los familiares no hay ningún acto heroico y su mediatización solo terminará perjudicando la comprensión y posibilidades de resolución del conflicto. Hay que dejar el sensasionalismo, no nos hace bien como sociedad.

En el periodismo ecuatoriano por décadas la forma predominante de mostrar a la frontera norte se puede ejemplificar en los titulares recurrentes como “violencia en la frontera”, “frontera caliente”, “frontera roja”; y las noticias solo llegan cuando hay cadáveres, secuestrados o kilos de drogas, o contrabando. No se tratar de negar los hechos de violencia, se trata de no visibilizar las condiciones en las que población local vive cotidianamente. Se trata de seguir reproduciendo el mismo ciclo de violencia con su incapacidad de generar noticias positivas o de plantear lecturas contextualizadas de la violencia. Esa imagen que la prensa ecuatoriana contribuyó a construir les ha hecho mucho daño a las comunidades de frontera, forzando migraciones internas, creando estereotipos, encareciendo productos, desvalorizando propiedades, ahuyentando turistas, desmotivando inversiones. Pero peor aún; sirvió también de excusa para un Estado que no les cumple a sus ciudadanos; desde el profesor de la comunidad rural que dice que no va a dar clases la mitad del año lectivo porque es peligroso hasta el Presidente Lenín Moreno que dice que el puente binacional de Mataje es un favor para los narcotraficantes. El problema de fondo es un Estado cobarde y mediocre que te dice que si hay más vías y puentes los “malos” tienen mejores condiciones para traficar y delinquir; cuando debería decir que ahora tiene mejores condiciones para ejercer la ley, para proveer servicios.

Ecuador y Colombia comparten una frontera de 586 Km. con solo dos pasos viales en Rumichaca y San Miguel. El puente de Mataje se planteó como eje de integración binacional costanero que complemente el eje en la Sierra y el Eje Amazónico en el marco de tratados binaciones en los cuales ambos gobiernos vienen mintiéndose sobre lo mucho que se preocupan sobre sus respectivas fronteras y que son tan antiguos como el fomento de las políticas de colonización promovidas por el IERAC y el trabajo de Cancillería en sus estrategias de “fronteras vivas”. Al no lograr dichos objetivos, y ante lo innegable, posteriormente el Estado Ecuatoriano también reconocería como zonas de intervención prioritarias las fronteras pero hasta la fecha lo único que se prioriza es la intervención militar. Ahora que se declara la guerra a los fantasmas del narcotráfico y terrorismo; se esta invisibilizando más de medio siglo de planes e intervenciones fallidas que sentenciaron a la ruralidad de ambas fronteras al olvido institucional. El Estado debe reconocer sus errores (no solo hacer lo más fácil que es acusar al gobierno anterior) y asumir responsabilidades si se espera solucionar algo con su presencia. El presidente Moreno le debe un mínimo de respeto a la población fronteriza puesto que es representante del Estado no sólo cabeza de este gobierno. Cuando declara la guerra a los fantasmas del terrorismo y narcotráfico con la voz entrecortada y casi entre lágrimas, aparte del papelón institucional y de que amenazó de muerte en un país donde está no reglamentada la pena de muerte; nos inaugura, con un fondo de una imagen de debilidad total, a ser nueva sede de la guerra contra el narcotráfico.

Como resultados, en medio de estados de excepción, la inversión de recursos para “mejorar las capacidades” del Ejercito solo confirman lo peor. Por ejemplo, se le renueva toda la dotación de fusiles a las Fuerzas Armadas como si el problema de la seguridad en la frontera fuera que el ejército no tiene fusiles. Cuantos disparos en acciones de combate ha tenido históricamente el ejército ecuatoriano en la frontera norte? Para quienes conocen un mínimo nuestra frontera norte, pese a su epicentro como zona de amortiguamiento del conflicto colombiano y narcotráfico, se mantuvo hasta ahora como una zona relativamente pacifica donde la presencia del ejército siempre se ha visto reducida a los alrededores de sus retenes y cuarteles; y cuya una heroica ofensiva militar tiene como grandes victorias tanques de gas, gasolina y cemento decomisados a la población local, en los mejores casos “desbaratar campamentos abandonados”. Esto solo hace preveer que será la población local quien pague los platos rotos de un Estado fallido, un presidente emocionado y una prensa amarillista.

Ecuador, estando ubicado en la mitad de los dos mayores productores mundiales con cocaína y una economía dolarizada es una pieza clave del narcotráfico que al parecer la política pública no acaba de comprender. Se presenta como alternativa la asesoría y experiencia de las Fuerzas Armadas Colombianas y de Estados Unidos pero no se cuestiona que en el primero, gran parte de la experiencia es en crímenes de lesa humanidad, paramilitarismo y medio siglo de un conflicto sin resolver; mientras que el segundo, además de ser el principal consumidor de cocaína por ende principal financiador del narco-terrorismo, ya tiene 7 bases militares en Colombia sin lograr reducir las hectáreas cultivadas y toneladas de cocaína exportadas que se supone es su objetivo. Peor aún, la historia del ejército norteamericano en Colombia, Afganistan, Laos y Vietnam solo demuestra que su presencia incremento el cultivo y tráfico de estupefacientes; dejando claro que la lucha es por controlar precios y flujos de abastecimiento más que erradicarlos. Que recomendaciones se espera de Uribe y su política paramilitar de abusos contra el campesinado en los programas de erradicación forzada, que dicho sea de paso el nuevo epicentro de cultivo de coca en Nariño también es consecuencia de las ofensivas militares en el Putumayo hace más de una década. Donde vaya coincidencia la mediatización de Alias Wacho en Colombia ya tiene episodios a fines del 2017 cuando se lo empleo para encubrir un ataque de la policía colombiana a campesinos desarmados. Pese a las abrumadoras pruebas, la estrategia de culpar a los fantasmas del terrorismo le funciono al gobierno Colombiano. Y al final no importa quién es Guacho, siempre habrá otro. Importa que los muertos los siguen poniendo los pobres. Importa que el Estado siga negando sus responsabilidades. Importa que los medios sean complices en esa creación de enemigos internos y chivos expiatorios. Importa que mañana la faranduleria de la política nacional por la frontera acabará y los temas de fondo no se habrán resueltos, dejando a las comunidades y población de frontera en el olvido hasta que otro acontecimiento trágico vuelva a recordarnos que están ahí porque los conflictos no se derrotan, se resuelven. La guerra contra el terrorismo y la guerra contra las drogas son claro ejemplo de esto.

“Nos dicen que llueve mientras nos están meando”

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s